La Puerta Espiritual

Nuestros amigos

Monedas
©Alberto Galussi


Al cumplir 15 años su padrino le obsequió una moneda de oro y plata. Al dársela le dijo "Lolo, que esta moneda sea la base de tu fortuna".
Lolo, la tomo con las manos, la apretó fuerte y se pasó toda la noche observando esa preciosa moneda. Prendía la luz y la miraba, apagaba la luz y la recordaba, estaba inmensamente feliz.
Al final, luego de pasada la novedad, la guardó celosamente.
Llegó a los 17 años y empezó a ahorrar para cuando los 18, tener un cuatriciclo. Desde siempre, le fascinaba ese vehículo.
Ea pues que recordó que tenía su valiosa moneda, en ésta tenía puesta toda su esperanza.
Tomó una alcancía antigua y orgullosamente colocó su moneda de oro y plata, diciendo: "así, tendré mi cuatrimotor, esta moneda será como dijo padrino: la base de mi fortuna".
Fue echando otras monedas y monedas, disminuyó sus gastos y tal era su deseo que moneda que andaba suelta en su casa iba a su alcancía.
Luego de algunos meses, se le ocurrió ver cuan llena estaba su caja. Oh sorpresa, había muy pocas, rápidamente buscó la de oro y plata. Menos mal! Allí estaba y mas reluciente que nunca..
¿Qué había pasado?
Desconfió de su hermano, primero, luego de su madre y de su padre. Pero no pudo comprobar nada, para calmarlo su padre le dijo que podía haber entrado algún ladrón y haberse llevado sus monedas.
Sí, pero por qué no se llevó toda la alcancía? Se decía Lolo. Y decidió controlarla rigurosamente, al principio de día, después de noche y por último de día y noche. Estaba dispuesto a recuperar sus ahorros y hallar el causante del robo.
Conclusión: nadie tocaba su alcancía, nadie parecía el ladrón y el ladrón no volvía. No halló pruebas acusatorias, mas volvió a controlar su cantidad de monedas, porque a pesar del control que le insumía mucho tiempo, había seguido ahorrando, pero ya no estaba tan feliz, ni tan confiado. Oh sorpresa, de nuevo el número de monedas era escaso, similar al del último recuento. Pero la de oro y plata, allí estaba mas reluciente que nunca.
Comentó a sus amigos lo sucedido y al fin luego de mucha discusión decidió sacar de su alcancía la moneda de oro y plata.
Siguió ahorrando moneda tras monedita, mas al poco tiempo, no entraban mas, busco otra alcancía, otra y otra mas. Feliz de su ahorro y luego de varias alcancías llenas, compró su cuatriciclo. Al comprarlo no hizo falta la de oro y plata, él ya ni se acordaba de su importancia, ni de su resplandor. Había tratado de olvidarla, mas no lo que pensaba cuando la saco de su caja de ahorro.
Era pues que Lolo pensaba que tanta belleza y valor en ella necesitaba ser alimentada constantemente y las monedas pequeñitas en la alcancía parecían ser el alimento preferido, mas el precio de tal resplandor no permitía a su dueño alcanzar un bien mayor a ella.

Alberto

 

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