La
Puerta Espiritual
Nuestros
amigos
Los
Frutales de Pancho
por
©Alberto Galussi
- ¡Sí, sí! ...esta vez lo lograremos, estoy seguro,
¿será? ...Mi Peral amigo…
ey, despierta, ya pasó el frío, ey... ¡vamos!
-
No, no, ... otro año aguantando al plomo éste. Apenas me
despierto y ya te oigo delirante.
Durante años lo hemos intentado y no te das por vencido, si ya
sabes que Pancho le dijo al Jóse:
... ¡No le pidas Peras al Olmo! ...
y vos no te das por vencido, además me embarcas en este trabajo.
Y yo no sé por qué lo hago.
-
Vamos señor Peral ¡vamos! ¿Cómo pasó
el invierno?
-
Durmiendo señor Olmo ¿y usted?
-
Durmiendo y pensando en cómo haremos posible que yo, al menos,
dé una Pera como la suya.
Así que no dormí mucho.
-
¿Y? ¿Llegó a una respuesta? ¿Encontró
la fórmula mágica?
-
Creo que sí, cada vez me convenzo mas y...
-
… ¿Podré yo no estar incluido en dicho intento este
año? Pregunto, digo, pienso...
-
Sí, sí... y luego existo, pero ¡lo lamento! ...necesito
de usted más que nunca.
Los amigos no abandonan a sus amigos, porque...
-
.... No me venga con sentimentalismos cursis, eh! Ya me dijo, Pancho
que este año tendré que dar más Peras que nunca.
¿Usted recuerda el por qué, no?
-
Sí, lo recuerdo muy bien. Pero yo no lo molestare mucho, solo algunos
momentos del día.
¿Sabe lo que sería una Pera como las suya en una de mis
ramas?
Sería un logro importantísimo entre árboles para
sombra y frutales,
un invento magnífico, y chau el dicho... ¡no le pidas Peras
al Olmo!
-
Otra vez ustedes dos… ¡nuevamente lo mismo! Podrían
hablar mas bajo,
para mi, aún hace mucho frío para despertarme, saben bien
que amo el calor,
mis ciruelas blancas son el néctar para los nietos de Pancho y
este año ya lo dijo,
debo dar las Ciruelas mas dulces que pueda. ¿Recuerdan, el por
qué, no?
-
Sí...lo recordamos, a mi me dijo: tu tendrás que dar la
sombra que más puedas dar,
pero yo tomé el compromiso que, además de sombra, al menos
una Pera tenia que dar,
al menos una Pera. Para recordarles.... el acontecimiento será
más o menos en enero.
-
Qué lío ustedes tres… se nota que no les cuesta dar
sus hojas, flores y frutos,
por eso hablan de ilusiones, ilusiones…
Aunque pensándolo, de ilusiones también se vive en este
mundo...
-
.... Silencio..., habló la Higuera negra ¡la mas sufrida
y humilde
de los árboles del monte! -dijo el Olmo-
-
Vamos... –expresó el Ciruelo- no te hagas tanto la sufrida,
en verdad sos toda torcida,
pero nadie te trepa y casi no tenés hongos, ni bichos que te molesten...y
ahora estás de moda,
todos buscan tus frutos en la verdulería.
-
Bueno, reconozco algunas bondades que tengo, ¡por algo soy milenaria!
-
Sí, sí... serás milenaria pero jamás intentarás
dar una Pera, vos serás siempre igual,
la doña del Monte,…y te respeto, vos sabes que te respeto,
pero...dame fuerzas este año... ¿lo harás?
-
Bueno....a ver... hum... no se por qué, pero lo haré...
va mi promesa de doña Higuera de higos negros.-
¡Te lo agradezco y te amo por ello!...
¿Oyeron... todos lo árboles del Monte Frutal de Pancho?
-preguntó el Olmo-
-
Lo hemos oído todos... -expresó el Almendro, con cierto
tono extranjero-
Y pregunto: ¿nosotros también lo ayudaremos al Olmo este
año?
-
¡Por su puesto! -anunciaron atentos el Ciruelo rojo, el Manzano
verde,
el Nogal americano y el pequeño Mandarino- que no sabía
de que se trataba,
pero dijo que Sí, porque había escuchado la afirmación
dicha por sus parientes
la Naranja, la Lima-limón y el Limón.
-
Yo ayudaré... en tanto este año no venga la mosca a molestarme
-dijo el Durazno.
Y
así todos los árboles frutales del Monte de Pancho estaban
listos para dar lo máximo este año
y también que... el Olmo diera Peras.
Hubo reunión de los Insectos del Monte y a la semana, luego de
mucha discusión proclamaron:
- "este año molestaremos poco y nada, a los frutales de Pancho".
Lo mismo, aseveraron los Hongos, Bacterias, Virus, Viroides y hasta otras
moléculas
que andaban sueltas en el aire, en el suelo y en el agua.
Recién al mes los Pájaros anunciaron su decisión:
- “Este año en el Monte frutal de Pancho sólo haremos
nido, cantaremos,
pero de hacer nuestras heces no podemos dejar, ahora bien, tampoco picaremos
sus sabrosos frutos.
Disculpen la demora de tan valiosa decisión... -anuncio la Calandria
- …pero había que convencer a los Gorriones y demás
Aves de la región -
lo dijo todo junto, rápido y casi sin respirar-
El Olmo estaba tan preocupado, todos lo estaban, pero el Olmo entre dar
hojas y planificar sus Peras,
chupaba agua a lo loco y transpiraba como nunca.
Pancho se la pasaba regando su Monte y decía:
- ¿será porque les dije que dieran muchos frutos y sombra,
que toman tanta agua?
En realidad la lluvia ayudaba poco, este era un año seco,
pero el método que había inventado el Olmo para dar sus
Peras requería mucha agua
y otros componentes que le prestaban el suelo y el aire, pero especialmente
se debían cumplir las indicaciones del Peral, el Manzano y el Duraznero.
-
Bueno -decía doña Higuera- estamos en época de floración...
Olmo, estoy contigo para cuando florezcas.
-
Bueno... dijo el Olmo...desde hoy y por varios días, tú
y el Peral cuidarán por mí, llegó la hora de mi floración.
Y
así fue que, por tres días y no solos, los tres con la Tacuara
se abocaron a esperar el resultado del invento realizado: que... ¡el
Olmo diese Peras!
El
Mandarino pequeño se ofreció a contar cuantas flores de
Peral nacían en el Olmo. Y empezó:
- El primer día, cien flores, pero... de Olmo.
- El segundo día, cien flores, pero... de Olmo, decía el
observador y contador.
- El tercer día, una flor de Peral y 99 de... Olmo.
El
Monte fue toda una algarabía, vinieron lo Hongos a verla de cerca
y le contaron a los Virus, Bacterias y Viroides;
la Calandria desparramó la noticia a todas las Aves de la región.
Todos se enteraron y afirmaban: "Pídele Peras al Olmo...
él al menos, te dará una flor de Peral"
Casi
todos quedaron extenuados por la espera, pero mucho más la laboriosa
Tacuara
por lo antes trabajado y la Higuera... por la responsabilidad que había
asumido;
el Peral estaba espléndido, nada le había costado dar su
mejor yema para el injerto
que le habían hecho al Olmo, mas estaba algo preocupado.
-
Sí... -le dijo el Olmo- ...tienes razón en preocuparte,
una flor es muy poco, ¿llegará a Pera?
-
Por su puesto, hemos hecho tanto, que llegará a Pera, lo afirmo
y lo aseguro,
como doña Higuera, la milenaria que soy.
Pancho,
notaba algo raro en el Monte, se paseaba y paseaba mas no hallaba qué.
Eso sí...notaba que todos los árboles estaban cargados de
flores, no veía plagas,
ni pájaros estorbando, ni hongos, ni pulgones.
Todo parecía venir bien - Darán muchos frutos este verano-
decía.
Él lo deseaba ese año más que nunca.
-
Recuerdo -expresaba al mirar su Monte- este Peral lo planté yo,
este Durazno Elisa,
a los dos Manzanos el abuelo, la Higuerita doña Pepa, mi suegra,
el Nogal y el Almendro ya estaban,
al Olmo lo eligió el Jóse, este hijo mío, “un
Olmo entre los frutales”....
aun recuerdo cuando le dije: plantálo, mas... ¡No le pidas
Peras al Olmo!...
y él me contestó -Padre- ¡uno nunca sabe!
En realidad lo dije por él y por mí, éramos tal cual.
Casi irreverentes, siempre inventando cosas, siempre ideando algún
raro artefacto,
siempre así, esperanzados, nunca diferente, pobres esposas y pobres
madres,
que aguante y sin embargo, cuanto cariño nos tienen.
Más
la milenaria, como le decían en el Monte,
empezó a preocuparse... y ya muy inquieta manifestó:
- Si fue difícil lograr que des una flor de Peral, mucho mas será
que esta flor llegue a ser ¡fruto!
Tus ramas son muy péndulas, tu flor esta muy baja y la Pera es
pesadísima, no creo que lo resistas...
-
¿Qué podemos hacer? -cantó la Calandria-
-
Deberás esforzarte mucho -dijo el Manzano verde- ...en mí,
muchas flores no llegan a manzana.
-
... y ni te cuento si viene la mosca, la mitad de mis duraznos
no sirven para nada -aseguró del Duraznero-
-
A mí... que ni una Almendra se me cae hasta cuando yo digo, te
puedo indicar como lo hago,
por ahí tienes suerte y podemos ver tu Pera madura -mencionó
el esbelto Almendro-
-
Bueno, bueno.... –cantaron entre pío y pío las Aves
oyentes- a trabajar, a trabajar...
-
Hasta enero -expresó el Olmo preocupado- empecemos don Almendro,
cuanto antes sea, mejor será.
Y
así, Olmo, Almendro y Peral trabajaron sin pausa para que la flor
llegue a fruto.
El pequeño Mandarino observaba el crecimiento de la Pera en el
Olmo...
-
...Está creciendo -decía- ¡está enorme!, va
ser como la sandía o como el zapallo, o como...
-
... deja de decir pavadas -manifestó la Naranja- y ocúpate
de dar tus mandarinas,
procura que sean mas dulces este año, no tan grandes y bien amandarinada.
¡Nada de hacerte el loco y querer dar un Pomelo!
-
Bueno, no hay Pomelo en este Monte, por lo tanto, yo creo que el año
que viene...
-
... ¡Ni se te ocurra! ¡Oíste! Con la locura del Olmo
basta y sobra,
¡cada Frutal dará su Fruto en el Monte de Pancho!
-
Bien dicho Naranja... -piaron los Gorriones-
-
¿Qué pasa en el Monte esta temporada?, deben andar duendes,
igual que cuando nació el Jóse, igual. ...Parece que éste
año estoy inútil...
no me necesitan para dar frutos.
No hay hongos, no hay gusanos, ni hormigas... -aseguraba Pancho-
Llegó
como de pronto el mes de enero, la casa se llenó de visitas, visitas
ya conocidas.
Especialmente el Jóse, este que de niño nos echaba agua,
arriba, abajo, al costado,
vivíamos encharcados, las mariposas todas mojadas, los hongos inundados,
los virus ni venían;
suspirábamos cuando veíamos venir a Pancho, al menos él
cerraba la canilla tan fuerte,
que el Jóse por varios días no la podía abrir, que
felicidad!... entonces se nos trepaba,
se nos subía a hasta la copa, nos quebraba las ramas, nos comía
los frutos verdes,
se los llevaba a la abuela... este Jóse, que bien la pasó
con nosotros y nosotros con él.
-
Sí -dijo el Manzano- te acordás...vivía haciendo
pis, a cada rato pis, pis.
-
Ahí viene, ahí viene, a ver ¿a quien le echa agua?
-dijo el Ciruelo rojo- …
Como siempre... a mí.
Este joven no cambia más. Pero no importa, agua nunca me faltó,
además él cuidaba mis frutos, jamás me los arrancó
verdes,
en realidad soy tan agrio que ni se anima a morderlos si no están
maduros
.
-
¡Oh!, ahí viene su hijo, es el cuarto verano que lo tenemos
en el Monte,
es terrible como el padre y como el abuelo. Nos pisa con las ruedas, juega
a la carrera de auto.
Le gustan las Peras, pero no las alcanza, intenta, intenta,
pero no puede, están muy altas para él, imposibles llegar.
-
A los cinco años -dijo la Higuera milenaria- lo iban a operar de
sus piernas,
“más muy difícil será”...solo uno entre
muchos tiene éxito,
dijo Pancho a Sofía, acá bajo mi copa.
Diariamente,
después de comer lo traen al Monte, el corre con su silla,
pero después de la operación anda despacio. Se ve algo cuidadoso
en su andar.
-
Pobrecito -dijo el Durazno- tiene miedo... después de la operación
parece dolorido y aún...
no sabe si podrá caminar.
-
Le diré a las otras Aves que vengan a entretenerlo...
pero si nos tira una piedra, desaparecemos -dijo la Tacuara-
-
¿El injerto en su pierna le habrá prendido? ...Si es necesario
que me hagan pis todos los días
para que Panchito camine, yo estoy dispuesto… -dijo el Ciruelo rojo
- …total, está el Jóse que me inunda de agua...
-
... A ese Chico le falta motivación, le falta incentivo, le falta
querer, le falta...
-
... Calláte un rato Lima-limón, me haces el favor... tronó
el Nogal...
aunque pensándolo… creo que algo de razón podes tener…
-
Animáte… Panchito, animáte.... Panchi, repetía
el padre, repetía el abuelo.
Mas
el Panchi de su silla no se movía. Sus ojitos le brillaban de ganas
y de miedo.
A veces las palomas estaban tan cerca de él, que hasta se olvidaba
de su pesar
y le parecía volar con ellas en el Monte.
Era el 20 de enero, de los doce, once en la casa estaban reunidos jugando
a los naipes.
Panchito debajo del Olmo, entre la Higuera y el Peral miraba las Peras
casi maduras,
miraba la Higuera también con algunos higos... y expresó
- algún día sacaré con mis manos
una de esas Peras jugosas y dulces… pero si estuviesen más
bajas, tan altas no puedo...
Tan
querido el Panchi, igual que el padre y el abuelo en el Monte,
vislumbraba una esperanza.
El Olmo ni se movía, terror tenía que su Pera oculta entre
las hojas se le cayera.
-
Olmo... ¡Olmo!... chistó el Peral... ¿oíste
a la Lima-limón?...
-
¿Qué?... sssí... no, no me lo pidas, ¿mi Pera?
... ¡te parece!... -dijo el Olmo-
-
Las mías están tan altas que para él son inalcanzable,
son imposible.
Mis Peras no lo motivan lo suficiente.
- ¡Olmo! -mencionaron cada uno de los árboles del Monte-
...llegó tu mayor dicha,
nosotros damos frutos y sabemos que una vez maduros no son nuestros.
- Tu Pera está lista... -aseguró el Peral- ....deja que
la vea Panchi,
quizás sea el motivo para el ánimo que le falta.
Pobre
Olmo, el pretendía conservar su Pera, el quería mostrársela
al Jóse y al Pancho.
Más vió la oportunidad de pasar a la gloria sin trompetas,
ni alfombras.
Por su puesto, a esto, todos lo pájaros estaban encima de Olmo,
prontos e inmóviles, por las dudas...
El Olmo se sacudió y enhiesto dijo: - Llegó la hora de mi
mayor bondad,
¡por un niño nada es poco! Dejaré caer las hojas,
para que mi Pera vea
y así por alcanzarla caminar intente. ...
después de todo está casi a su altura, sólo unos
pocos pasos deberá dar-
La
Higuera y el Peral estaban sorprendidos de la nobleza del Olmo, mas lo
alentaron aseverando:
- ...Si diste una Pera y para este fin, al menos no habrá sido
en vano... más vale una Pera para esto,
que los muchos frutos que nosotros damos.
Inició
el Olmo su estrategia... dejo caer sus hojas: ...primero una, luego cien,
dos mil, todas...
solo le quedó la Pera, rosada y amarilla verdosa, bellísima,
jugosa y dulce.
Panchi,
que estaba medio cabizbajo, observó sorprendido la caída
de las hojas,
luego... vió la Pera tan cerca, y más... vió que
estaba prendida en el Olmo.
Los pájaros estaban tiesos, ni plumas se le caían, no decían
ni pi..., ni chui… ni cre.
Panchi se empuja con sus dos manos, se incorpora
y empieza a alejarse de su silla, iba directo a la Pera.
-
Sonaste Olmo... -le dijo el Mandarinito-
...
y con olor a Lima-limón se escuchó: - ¡Ya lo decía
yo, a este Chico le faltaba una motivación...!
De la casa, los once de a dos fueron saliendo, último fue el Jóse
que vió a su niño parado,
con la Pera entre sus manos.
Canto
la Calandria y le contestó el Tero, todas las Aves informaron lo
sucedido.
-
No se olviden de repetir... -expresó el Olmo a sus amigos del Monte
- ...que el esfuerzo por alcanzar grandes y pequeños deseos, trae
alegría y un valioso regalo,
no sabrán cuándo, ni cómo, pero... no duden en hacerlo...
y mejor si es entre todos.
Colorin
colorado
Alberto Galussi
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